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Luis Cerda Herrera

Luis Cerda Herrera

10. Abril, 2015 |

Comparto tus versos, la liberta es como el aire que respiramos

Saludos

sergio silva

sergio silva

22. Febrero, 2015 |

Juan cuevas Quevedo, es este tu correo? si es así espero tu respuesta. Fraternalmente, Sergio silva.

Arsenio Aguilera

Arsenio Aguilera

22. Enero, 2015 |

Hermosa poesía que refleja lo vivido abordo de la embajadora de los mares. Felicitaciones por ese maravilloso talento. Un ex-marino y...

Eugenio

06. Agosto, 2014 |

muy buenos tus poemas, te felicito compadre, aun tengo recuerdos de cuando nos reiamos juntos a otros funcionarios del S.A.G y la...

manuela rodriguez

manuela rodriguez

06. Enero, 2014 |

Señor marcelino, hermosos sus poemas ,muchas gracias por ayudarnos a encontrar un hotel y personas como ud necesita este mundo Dios lo...

Oye la voz del viento (cuento corto)

31 Marzo 2012

 “OYE LA VOZ DEL VIENTO”

 

  Una palabra hiere más profundamente que una espada”   BURTÓN.-

 

El cielo gris y la pesadez de tarde anunciaban la próxima tormenta. Sentados a la mesa de la cocina, Luis, Estela y sus tres hijos (dos varones y una mujer) compartían la merienda. Lo hacían en silencio, como de costumbre. Antes no era así, pero poco a poco, todo cambio. Estela creía saber desde cuando. Una vez concluidos sus estudios, Marcos y Julio, se dedicaron junto  con su padre, a las tareas de campo. Macarena, a quién Luis había enseñado a conducir, con el pretexto de reunirse con sus amigas en el club, o el de seguir distintos e inacabables cursos, iba y venía constantemente al pueblo. Estela, como siempre, dejo que ellos hicieran  sus vidas, pero lentamente comenzó a sentirse marginada de los intereses familiares. De distintas formas intento integrarse, ya fuera colaborando con las tareas del campo o siguiendo algún curso interesante con Macarena. Al principio todo pareció marchar bien, eso fue hasta el día que sus hijos le dijeron (con mucha sutileza) que ya era un poco grande para recargarse con más tareas que las suyas, como ama de casa; entonces, comenzó a replegarse sobre si misma. Muchas veces, al mirarse en el espejo se preguntaba por qué razón su familia la consideraba “grande” Pese a sus casi cincuenta años, su figura conservaba la delgadez y prestancia de sus años jóvenes. Su cabello castaño, recogido con una cinta sobre la nuca, lejos de restarle atractivos, resaltaba la belleza de sus inmensos ojos verdes, brillantes sobre la tersura de su dulce rostro moreno y sin maquillar.

 

Estela se puso en pie y con su taza en la mano se dirigió. a la mesada y la deposito. En ese momento escuchó la voz de Macarena interrogándola: 

 

-Mamy, ¿Qué querías decirnos?

 

Estela, sin volverse contestó:

 

- Quería comentarles que pienso viajar a Buenos Aires a pasar unos días con mi amiga Marcela, ella hace poco que se separo y se siente muy sola. Pienso que ustedes pueden prescindir de mí. por un tiempo. Macarena puede reemplazarme con la ayuda de María, ya hablé con ella y no tiene problema en instalarse un tiempo en la casa, con ustedes.

 

Luego de las consabidas protestas terminaron por aceptar, no sin dejar de manifestarle, todo lo que ella significaba para cada uno de ellos.

 

Estela, todavía de espaldas a su familia, creyó necesario hablarles de sus necesidades y deseos. Mientras lavaba los enseres que su hija le había acercado, lentamente comenzó  a contarles sus ambiciones personales, los sueños que aún creía poder realizar. Fue como un río, que al romper sus compuertas, todo lo invade con sus aguas desbordadas. Cuando concluyó, se volvió con una sonrisa, aliviada de haber hablado y creyéndose interpretada por los suyos. Lentamente, la sonrisa se fue desdibujando de sus labios al ver los lugares vacíos.junto a la mesa. A lo lejos, escuchó que, el motor del auto perdiéndose  en la distancia, se confundía con las voces varoniles  cada vez más distantes.

 

Lentamente subió a su cuarto y sin pensarlo abrió el armario y sacó una valija que colocó sobre la cama.

 

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Un sol primaveral entraba por la ventana El viento de setiembre movía las hojas de los árboles con un suave murmullo, como si intentara revelar secretos escondidos. Era la hora del almuerzo, María, esperaba pacientemente la llegada de Macarena para servir la comida. Los varones hablaban animadamente. De pronto, Luis, le puso voz aquello que todos pensaban en silencio

 

-Me parece que mamá tomó en serio sus vacaciones. Solo nos llamo los primeros días, pero hace más de una semana que no sabemos nada. Esta noche, me comunicare con ella, tal vez le sugiera, que ya es hora  que regrese.

 

 Los muchachos asintieron. En ese momento, escucharon la voz de Macarena quién, agitando un sobre en sus manos, entro en la cocina diciendo:

 

- No les dije que estuvieran tranquilos, carta de mamá.

 

Marcos, el más impulsivo, se la quito  y girando el sobre entre sus dedos exclamó sorprendido:

 

-Sí, la letra es de mamá, pero el matasellos es de...Francia.

 

Luis, prácticamente, le arrebato el sobre que abrió con inquietud. Del interior cayó, lo que ellos creyeron sería  una postal, pero que en realidad era una fotografía. Junto a la conocida figura de Marcela, sonreía una espléndida morena, elegantemente vestida. Les costo reconocer en ella la sumisa figura de su madre. Luis giró la foto, con acento apagado leyó el breve mensaje escrito en el dorso.

 

“Desde esta hermosa París, y antes de continuar nuestro viaje por Egipto y Grecia, les hacemos llegar nuestro cariñoso saludo. Ya les haré conocer más noticias nuestras. Espero que todos sigan bien. Si Dios quiere, creo que para el verano estaré de regreso con ustedes. No me extrañen demasiado, los quiero mucho”

 

                                                     .             Mamá.-

 

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