Ultimos Comentarios

Luis Cerda Herrera

Luis Cerda Herrera

10. Abril, 2015 |

Comparto tus versos, la liberta es como el aire que respiramos

Saludos

sergio silva

sergio silva

22. Febrero, 2015 |

Juan cuevas Quevedo, es este tu correo? si es así espero tu respuesta. Fraternalmente, Sergio silva.

Arsenio Aguilera

Arsenio Aguilera

22. Enero, 2015 |

Hermosa poesía que refleja lo vivido abordo de la embajadora de los mares. Felicitaciones por ese maravilloso talento. Un ex-marino y...

Eugenio

06. Agosto, 2014 |

muy buenos tus poemas, te felicito compadre, aun tengo recuerdos de cuando nos reiamos juntos a otros funcionarios del S.A.G y la...

manuela rodriguez

manuela rodriguez

06. Enero, 2014 |

Señor marcelino, hermosos sus poemas ,muchas gracias por ayudarnos a encontrar un hotel y personas como ud necesita este mundo Dios lo...

El sueño profético

02 Abril 2012

El sueño profético

(Cuento)

Virginia se internó en la clínica al atardecer.

Por la mañana le practicarían la cesárea.

Tomo un sedante suave.

La habitación comenzó a impregnarse con los besos que la penumbra

iba dejando a su paso.

La oscuridad terminó abrazando ese lugar, y solo quedó una pequeña

y tenue luz.

La ventana entreabierta le dejó observar el cielo estrellado.

De pronto vio aparecer una hermosa gata siamesa.

Totalmente blanca, rodeado su cuello por una gargantilla triple de

diamantes menudos y titilantes.

Virginia se levanta del lecho y juntas escapan por el ventanal.

Ella no ve su cuerpo. Se siente etérea. Distinta.

La gata blanca, adelante, le indica el sendero. Siguen ascendiendo hacia

un punto luminoso. Ya alcanza a ver su forma. 

Es un tranvía de cristal y un conductor de malaquita con la gorra de

plata.

Penetra con su gata. Se sientan en una banqueta, por cuya ventana

asoman hileras de canutillos rosados con pétalos de amatista. 

El conductor moviliza e1 tranvía.

Da vueltas, describe espirales, ascienden y descienden por caminos

desconocidos.

Solo el azul oscuro del cielo contrasta con la superficie transparente de su

tranvía encantado. 

Este se detiene en una plataforma decorada con escamas de peces

nocturnos y exóticos.

Baja con su gata guía. Caminan unos metros y encuentran un vergel

cuidado por hadas y gnomos ¡Qué belleza!. 

Y aquello ¿Qué es?. Múltiples canastitas tejidas con flores y cubiertas

por un suave tul.

Se acercó. En cada una de ellas, un niño pequeñito duerme. 

No se atreve a tocarlos. Mas allá una canasta emite una luz celeste y

del interior emergen rayos dorados. 

Quiere verlo. El niño tiene los ojos abiertos y le sonríe.

Un hada le pregunta:

- ¿Te gusta este niño?.

- Si, es hermoso. Tiene algo quo no se discernir ¿De quién es?

- Este niño - contestó el hada- tiene algo distinto de los otros. Sólo nacen

  dos o tres semejantes en un siglo y a veces tan sólo uno!

- ¿Por qué? Emite rayos como el Sol...

- Por que él iluminará el corazón de muchos seres humanos.

- Dichosos los senos que amamanten a este pequeño.

La gata la empujó. Debían irse. Estaba amaneciendo.

Llegó a su cama, acarició el pelaje blanco y se durmió. 

Se despertó lentamente de la anestesia.

Pusieron al niño sobre su pecho.

¡Era el bebe de la canasta de los rayos dorados!

Oyó un susurro:

- Mama, yo soy un poeta.

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