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Luis Cerda Herrera

Luis Cerda Herrera

10. Abril, 2015 |

Comparto tus versos, la liberta es como el aire que respiramos

Saludos

sergio silva

sergio silva

22. Febrero, 2015 |

Juan cuevas Quevedo, es este tu correo? si es así espero tu respuesta. Fraternalmente, Sergio silva.

Arsenio Aguilera

Arsenio Aguilera

22. Enero, 2015 |

Hermosa poesía que refleja lo vivido abordo de la embajadora de los mares. Felicitaciones por ese maravilloso talento. Un ex-marino y...

Eugenio

06. Agosto, 2014 |

muy buenos tus poemas, te felicito compadre, aun tengo recuerdos de cuando nos reiamos juntos a otros funcionarios del S.A.G y la...

manuela rodriguez

manuela rodriguez

06. Enero, 2014 |

Señor marcelino, hermosos sus poemas ,muchas gracias por ayudarnos a encontrar un hotel y personas como ud necesita este mundo Dios lo...

Conventillo anónimo

18 Agosto 2014

 

Conventillo anónimo

Sin duda que en aquel conventillo, las estrellas eran sus habitantes, vivas en cierta forma; exuberantes, distintas, pobres, delictuales, alcohólicas, drogadictas, vidas con el sello de lo trágico a la vez alegres, solidarias, amigables, mutantes.

Yo habitaba la primera pieza que da al callejón. Los demás cuartos estaban en hileras separados por un pasillo que daba a un patio techado, techo que era el suelo del segundo piso. Se ascendía a través de una escalera curtida que se asimilaba a la de un viejo barco. En aquel patio me encontraba lavando unas calcetas cuando de pronto aparecieron por el pasillo acompañados por la dueña, cargaban unas colchonetas y bolsos, seguramente con sus ropas; eran Ulises y el Koke, ambos jóvenes menores de treinta años, ladrones arruinados por la pasta base; me saludaron moviendo la cabeza para arriba, mirándome fijamente, estudiándome, antes de desaparecer por una puerta.

Me mantengo al margen de todo lo que sucede en el conventillo. A nadie molesto, a nadie le digo nada… aunque más bien me sobran los motivos para reclamar…¿pero, que sacaría con hacerlo? Si los vecinos que se emborrachan no entienden que no se debe meter bulla, ni discutir, ni pelear, ni poner la radio fuerte. Tampoco les puedo decir que no se embriaguen, después de todo el vino es el opio de los pobres…¿quién soy yo para sugerírselos?...¡un ex borracho, bien odiosos en sus tiempos! ¡no! No podría hacerlos callar; que le bajen a la música aunque sea las cinco de la mañana, no les temo (se que están regalados), más bien se como reaccionarían, por eso los evito; cuantas palizas recibí en mis tiempos por odioso, no, no podría golpearles…claro que en defensa propia, no pestañeo.

Me gano la vida vendiendo dipironas en la calla Prat, lo aprendí de los caminantes cuando tomaba, aspiraba y vagaba por muchas ciudades. Por ser vendedor, los flaites Ulises y Kobe creen que soy huevón. Los huevones son ellos por pensar así…es parte de la mentalidad canera (barretín en coa), ellos creen que solo los ladrones son vivos (la ley del  más fuerte)…¡a mi no me vienen con huevadas, miren que creerse mas vivos porque roban!...no tienen un dejo de moral, ellos deben estar acostumbrados a la cárcel, por eso todo los días salen a robar…el día que se cuezan ojalá recuerden si son vivos o guevones. Todo lo que roban lo transforman en pasta base…era tanta que la manejaban en un platillo. Como tengo una cocina, ellos, los ladrones, me piden que les caliente agua, nunca se los niego, por eso me estiman un poco. Han entrado a mi cuarto y se dieron cuenta que no tengo nada, mejor así, de esa manera no tienen que robarme…aunque igual el otro día uno de ellos, Ulises, me comentó que no tener vicios y trabajar una persona puede juntar plata. ¡qué estúpido! Como si uno ganara mucho o la vida fuera barata. Al principio estos dos ladrones mostraron un perfil bajo. En el día no salían del conventillo. Por las noches con un destornillador machacado y aplanado en la punta salían a abrir autos, sustraían lo que encontrasen, chaquetas de cuero, carteras, radios, cajas de herramientas, en fin, hasta una pistola que la cambiaron por droga al trafica, se la pasaron sin los tiros, después con un cabro chico le mandaron el cargador. Con el transcurso de las semanas y luego los meses, ya todos los habitantes del cyté sabían que estos robaban para vivir…poco a poco empezaban a vender los artículos en el lugar: celulares, relojes, cajas de herramientas…todo….para pasta base. En la habitación que alquilaban, colgadas en la pared tenían no menos de quince chaquetas (truco muy usual en los delincuentes). La verdad es que este par nunca robó en el conventillo…pero si comenzaron a robar en las casas…¿qué inmuebles?…no lo se, lo que si es que llegaban con los choreos: televisores a color a diez mil pesos, celulares a cinco mil, cadenas de oro a diez mil, en fin todo regalado, más bien todo robado. Un día antes de que cayeran, estuvieron en mi pieza preparándose onces, conversaban de sus aventuras. De pronto el Kobe que estaba sentado en un sillón viejo apegado a la pared, de uno de sus bolsillos sacó una medalla de plata, en una de sus caras tenía estampada la virgen negra, patrona de los ladrones (la chola), la alzó hacia la luz que entraba por la ventana, luego besándola exclamó…la cholita nos protege….Al día siguiente me dirigí a la calle a vender, cuando regresé del trabajo, encontré a la dueña limpiando la habitación de los balandras. Al verla me dijo: -hola ¿no sabes?, se llevaron presos a los dos jóvenes de esta pieza, creo que los pillaron adentro de una casa. Los detectives los trajeron y les revisaron el cuarto, no les pillaron nada, sólo unas cartas donde salen sus verdaderos nombres,…menos mal que uno de los policías me dejó darles un vaso con agua…tú sabes cuándo hay visitas en la cárcel?...para llevarles la ropa…- no, contesté…quizás los domingos. La noticia me dejó silencioso, un poco asombrado, no incrédulo, ya que sabía a lo que se exponían, cayeron por su propio peso, la adicción a la pasta base los llevó a cometer errores como meterse a las diez de la mañana a una casa…los vecinos los vieron entrar, llamaron a la policía, esta cercó la cuadra y fueron sorprendidos in fraganti…con las manos en la masa. Después de almorzar empecé a hacer aseo en la habitación, cuando moví el sillón donde estuvo sentado el Kobe, un pequeño brillo plateado llamó mi atención, era una medalla que al tomarla observé que era la “virgen negra”…

La habitación que los ladrones ocuparon por unos meses fue alquilada por un hombre de unos sesenta años, más bien rechoncho y su hijo un joven de aproximadamente dieciocho años…ambos caminantes, ex circenses. Don Samuel, el papá, se disfrazaba de payaso, se ponía unas correas con unos trozos de aluminio amarrados con correas a la pierna derecha, una muleta y un tarjetón de plástico con la palabra “Accidentado” colgada al cuello y media centena de globos a los cuales ponía orejas y nariz de espuma, les pintaba ojos y bocas para luego salir al centro de la ciudad a venderlos…se iba por la calle gritando “¡ya!...sólo para regalones”.

En otra de las habitaciones vivía Mario y su conviviente, una gorda de hermosos ojos azules. Mario se emborrachaba todo los días. Por las noches llegaba por el callejón divariando y gritando insultos, luego en su pieza procedía a golpear, mas bien a torturar a su pareja, ¡pobre gorda!, este ya le había quebrado los dientes, y aún así ella continuaba al lado suyo…¿cómo entenderla?...la gente opinaba que tal vez le gustaban los golpes. Yo creo que no, más bien pienso que sufría mucho, lo se por su llanto…nadie se metía (parte del machismo). Lo cierto que este tal Mario un buen día…más bien una buena noche, tubo lo que se merecía…de regreso al conventillo, justo a la entrada del callejón, con una máquina retroexcavadora, habían hecho una zanja para cambiar el alcantarillado que se encontraba a una profundidad aproximada de 7 metros. Este Mario, borracho, al pasar al lado de la gran abertura, perdió el, equilibrio cayendo a la boca de esta, se quebró las costillas y un brazo.

El payaso también se cura (se emborracha) todo los días y es un ser grosero para hablar…no lo soporto, es el que más bulla mete y hay que escuchar todas las huevadas que habla. El muchacho de nombre Javier, no bebe, es más bien callado, hace poco entró a trabajar en la fábrica Curpura. El payaso o tony, es un busca vida, a las pocas semanas de haber llegado ya tenían de todo lo necesario para vivir, un camarote, cocinilla a gas, televisor, radio, mesa, en fin. Debo decir también que cuando Don Samuel llega de vender sus globos (los vende casi todos), se saca las correas, bota la muleta, se pone a tomar  y al rato con la radio bien fuerte comienza a bailar, incluso ha salido al pasillo borracho, sin muletas bailando cumbias…payaso tramposo…con razón vende todo sus globo y la policía como lo ven lisiado no se lo llevan. A la gente le debe dar lástima…¡si supieran que no tiene absolutamente nada! Bueno, como dice el dicho “las astucia está permitida”.

Durante el tiempo que pasé en el conventillo vi pasar mucha gente…todos de paso. Doña Loreto por ejemplo, era una mujer de 68 años, muy comunicativa, más bien fea, sin ninguna gracia física, pero aún así bastante lasciva con todos los hombres que vivíamos ahí. Tenía cicatriz de cortes en los brazos, usaba dentadura postiza y a veces gritaba por el pasillo que solo cobraba tres lucas y que si no teníamos plata nos la fiaba. El que se intimó con ella fue el payaso Don Samuel…Algunas noches Doña Loreto se ponía un vestido negro ajustado con mucho escote, dejando ver parte de sus pechugas ya caídas, se maquillaba y pintaba sus labios con rouge rojo y salía afuera del callejón a putear…varias veces la vi entrar con hombres, casi todos ebrios…otras veces venían  mujeres amigas de la misma edad y también arregladas y pintadas a buscarla para ir a ciertos lugares como se dice en buen chileno “a maraquear”…eran putas que se conocían de jóvenes. Doña Loreto, a pesar de su extravagancia, era la más solidaria del Cyté. Yo  la miraba con simpatía y me asombraba que a pesar de sus años y de no tener ya belleza, toda las semanas se acostaba con hombres de diferentes edades..eso si, todos ebrios.

Al Mario y su conviviente, la gorda, los echaron por no pago, se fueron a vivir a un campamento que está ubicado cerca de la rivera del río, no tienen luz ni agua y el inmueble, al igual que todas las demás viviendas es de material ligero, improvisado. Mario no para de tomar y seguramente la sigue golpeando. Ella seguirá recibiendo los golpes sin defenderse y sólo llorará…¡quien sabe como terminará esa historia!...o él la mata a ella o bien ella cansada, deprimida un día estalla y lo mata a él, como tantas veces ha ocurrido en este Chile. Esta historia no es nueva, se ha repetido de generación en generación, el marido borracho golpea a la esposa y si hay hijos, a estos también, hasta que alguien de la familia cansada o cansado simplemente lo matan, al esposo, padre, ebrio, golpeador.

El payaso cuando se emborracha siempre habla fuerte y cuenta: que fue circense y que viajó por muchos países latinoamericanos, también grita que ha cagado a guevones en todo Chile…su hijo, siempre lo hace callar, entonces él se enoja y empieza con el rosario de siempre…”que vos no tabajai como yo…que tengo que mantenerte, ándate de aquí, lárgate a torrantear, roba o trabaja, pero gánatela, hasta cuando te voy a tener que alimentar….Después de esto el muchacho sale de la habitación dando un portazo, se pierde algunas horas y cuando regresa encuentra siempre a su padre más borracho, procede a acostarlo…y así se repite la escena una y otra vez.

Algunos arrendatarios hacen fuego para cocinar, no es una práctica mediática, más antigua en el Cyté, la pobreza y el alcoholismo son las causantes. Los borrachos, los lúcidos se cruzan en el pasillo, baño, callejón…es común ver a gente borracha a cualquier hora del día en esa especie de vecindad.

Don Luchito es un hombre de más de 70 años, está completamente solo en el mundo, bebe todo los días, sale a pedir limosna, es mendigo. La gente de la calle no lo desampara, pues siempre tiene para comer y beber…dice que empezó a tomar como a los cuarenta, es por eso que aún está vivo, pero tiene cirrosis, su nariz está completamente roja. A veces cuando llega en las noches por el callejón o antes de entrar al conventillo, se tropieza y cae estrepitosamente al suelo. Varias veces he salido de mi cuarto a ayudarlo a que se ponga en pie y lo acompaño tomado del brazo hasta su puerta. Otras veces lo han encontrado durmiendo en el suelo, todos lo ayudamos y nos da lástima…y risa otras veces cuando llega tarde y al pasar por donde vive la dueña, Doña mercedes y su familia, la insulta casi sin fuerza, más que rabia, repito, da risa…pero debo decir que la patrona y su familia tienen una actitud humanitaria con los arrendatarios. Lo digo por que la he visto a ella, Doña Mercedes, pasar a mucha gente pobre por el conventillo y en vez de insensibilizarse como le sucede a los paramédicos o gendarmes que de tanto ver sufrimientos ya no les importa, en cambio a ella, por el contrario, es comprensiva, siempre lo fue y eso mismo le ha dado un sentido desarrollado de humanismo y buena voluntad.

Yo ya no vivo en aquel conventillo, incluso me fui debiendo, ella la dueña, me dijo que me fuese tranquilo, que cuando tuviera volviese a pagarle… la verdad es que nunca más volví a pagarle, una porque en el momento no tuve y otra porque Doña Mercedes que amparó a tanta gente, hace algunos meses falleció…se llevó muchos secretos de gente pobre que pasó por su Cyté y se fue (hay que señalarlo) después de haber ayudado a muchas personas. El carácter liberal del conventillo era su sello, a ella se acercaban a conversar putas, ladrones, travestís, borrachos, drogadictos, viajas y viejos solitarios…todos pobres, locas y locos, vagabundos, caminantes que hicieron escala en su conventillo…¡cuántos platos de comida repartió sin pedir nada! a gente desesperada escuchó y ayudó… cuántos perros y gatos callejeros se acercaban a comer las sobras de su olla familiar…Doña Mercedes que en paz descanse fue solidaria con los anónimos.

 

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