Ultimos Comentarios

Luis Cerda Herrera

Luis Cerda Herrera

10. Abril, 2015 |

Comparto tus versos, la liberta es como el aire que respiramos

Saludos

sergio silva

sergio silva

22. Febrero, 2015 |

Juan cuevas Quevedo, es este tu correo? si es así espero tu respuesta. Fraternalmente, Sergio silva.

Arsenio Aguilera

Arsenio Aguilera

22. Enero, 2015 |

Hermosa poesía que refleja lo vivido abordo de la embajadora de los mares. Felicitaciones por ese maravilloso talento. Un ex-marino y...

Eugenio

06. Agosto, 2014 |

muy buenos tus poemas, te felicito compadre, aun tengo recuerdos de cuando nos reiamos juntos a otros funcionarios del S.A.G y la...

manuela rodriguez

manuela rodriguez

06. Enero, 2014 |

Señor marcelino, hermosos sus poemas ,muchas gracias por ayudarnos a encontrar un hotel y personas como ud necesita este mundo Dios lo...

"Canción de cuna" (Cuento corto)

31 Marzo 2012

"En cada niño nace la humanidad"  Jacinto Benavente.-
 
Llevaba más de diez minutos aguardando el micro, cuando lo vi aparecer en la distancia. Como es de suponer dada la demora, venía con pasajeros de pie, por lo que decidí esperar hasta que avistara uno en el que pudiera sentarme. Fue así que recién ascendí en el tercero o cuarto que pasaba. Me ubique en uno de los cuatro asientos que se enfrentan, como tienen muchos auto-buses modernos. Desde el primer momento me llamo la atención una joven mujer que viajaba con un pequeño bebe entre sus brazos, al que miraba con infinita ternura mientras, en voz muy baja, le musitaba palabras inaudibles.
 
Como no existe nada más rápido que el pensamiento me dije, es una mamá primeriza. No obstante, lo que despertó mi atención no fue su actitud sino, que pese a lo avanzado de la estación veraniega lo hubiese arropado tanto, pues el pequeño prácticamente desaparecía bajo una sábana de cuna que le tapaba la cabeza.
 
No sé, si fue ella o yo quien comenzó el dialogo, pero a los pocos minutos de haber iniciado mi viaje, conversábamos como viejas conocidas. Así me entere que era de la provincia de Salta y hacia tres años que residía en la localidad de Mercedes, en donde trabajaba con una familia que la quería como si fuese una hija. También me comento que sus patrones serían los padri-nos de su hija a quien llamaría Agustina, como su madrina, cuando fuera bautizada al cumplir un año.
 
A esa altura de la conversación se acercaba la parada en la que yo debería descender, sin embargo, alcancé a enterarme que su niña, a quien había aguardado con gran ilusión, era hija de su gran amor, pero que debería criarla sola porque su pareja había muerto en un accidente poco antes que ella naciera.
 
Cuando me puse en pie para bajar, tímidamente me preguntó:
 
 
 
-¿Quiere conocer a Agustina?
 
 
 
Ante mi asentimiento descorrió la sábana y mostrándome su bebe volvió a preguntarme:
 
 
 
-¿Verdad que mi hija es hermosa?
 
La observe unos instantes en silencio, después sonreí con ternura y respondí:
 
-Es cierto , es muy bella tu hija.
 
La salude afectuosamente y me dirigí a la puerta. Mientras descendía me pregunte, qué secreta tragedia ocultaría la vida de esa muchacha desconocida, para que acunase entre sus brazos con profundo amor, a una vieja muñeca de porcelana.- 
 
 

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