Richard Wagner

Richard WagnerRichard Wagner
Leipzig, 22 de mayo de 1813 - Venecia, 13 de febrero de 1883

El mundo de la Opera.


Richard Wagner es sin duda el genio más paradójico de la historia de la música y acaso de toda la historia del arte. Sin duda una específica vocación musical, eligió esta disciplina de la sensibilidad del conocimiento como un vehículo a través del cual instrumentalizar una teoría del arte y una concepción del mundo y, sin embrago, lo aleatoria acabó siendo lo fundamental: de las teorías de Wagner, de su pensamiento, queda poco, y lo poco que queda es discutible cuando no deleznable; su música, de la que sirvió para poner en práctica ese aparato teórico, ha sobrevivido a las polémicas estéticas y es presumible que sobreviva al silencio y al desinterés sobre ellas.

 


Este presunto denominador de todas las mani­festaciones estéticas, éste director escénico que sólo se representaba a sí mismo, consiguió no sólo la erección de un templo a su exclusiva gloria (Bayreuth: único caso de un teatro dedicado desde hace más dé cien años a un solo autor, sino la creación de un culto que es lo más parecido a una religión que haya sido producido nunca por un laico: Wagner quiso y obtuvo devoción antes que discusión, uniformidad en lugar de dialéctica fieles mejor que admiradores críticos y lúcidos.

Su relación de amor/odio con Nieztsche es paradigmática de todo esto. El filósofo del Sils Maria vio en él la afirmación de una voluntad creadora y de una falta de sometimiento a las reglas convencionales del arte que le pareció encarnaba sus propios ideales sobre el destino de la evolución del hombre; pero no pudo dejar de denunciar, con tanta acritud como fervor había tenido en un comienzo, la progresiva desviación wagneriana hacia el misticismo general y el endiosamiento personal, el peligro e imparable acer­camiento del músico a los mitos que alimentarían el pangermanismo y sus secuelas radicales. La clara diferencia entre ambos sería verificada por la historia más de medió siglo después: Wagner pudo ser utilizado sin necesidad de adaptaciones como bandera del nacionalsocialismo; los que pretendieron hacer lo mis­mo con Nieztsche no obtuvieron otra cosa que la caricatura y el ridículo.


Noveno hijo de Karl Friedrlch Wagner (1770-1813>, aktuarius del consejo municipal de Leipzig, y de Johanna Rosina Patz (1774-1848>, el músico quedó huérfano de padre cuando contaba seis meses, y su madre volvió a casarse casi enseguida (a comienzos de 1814) con el actor y pintor Ludwing Geyer (1780-1821), que Richard creyó siempre que era su verdadero padre. Fuera o no su padre biológico, sobre éste, como sobre todos los demás aspectos polémicos de la  vida de Wagner, se han escrito multitud de páginas. Lo cierto es que Geyer, dotado de una fina sensibilidad artística, se preocupó especialmente por la educación del muchacho y fue quien indujo en él el amor por el teatro.
Buen estudiante en la Kreuzschule de Dresde y, a partir de 1827, en la facultad de filosofía de la universidad de Leipzig, para estas fechas comienza también su aprendizaje de armonía y contrapunto con el profesor Chr.Th. Weinling, cantor de la escuela de Santo Tomás de su ciudad natal. Antes de los veinte años ha compuesto ya algunos fragmentos sinfónicos, piezas para piano, siete canciones para el Fausto de Goethe, y ha comenzado una ópera, Las Bodas, que quedará inacabada; en 1834, mientras se desempeña como director del coro del teatro de Wúrzburg1 consi­gue concluir su primera ópera (Las hadas, que se estrenará póstumamente en 1888).


En los dos años siguientes trabaja como direc­tor de orquesta del teatro de Magdeburgo, escribe y estrena -sin el menor éxito- su ópera Das L¡ebeverbotd (La prohibición de amar), y se enamora de la primera cantante de la sala, Minna Planer (1809-1866), con la que tendrá tempestuosas relaciones. Cuando el teatro hace suspensión de pagos, Minna consigue trabajo en Kónigsberg. Wagner la sigue hasta allí y consigue una plaza en el teatro de la localidad. La convence para que se case con él a fines de 1836, pero el matrimonio no funciona: Minna afirma que Wagner es un deplorable marido y, sea como fuere, el hecho es que se separan y reconcilian varias veces.


Siempre con dificultades económicas, el músi­co consigue trabajo como kapeillmeister en Riga, pero en 1839 debe abandonar bruscamente la Ciudad per­seguido por sus acreedores. Embarca con destino a Inglaterra donde no hace sino tomar tierra, ya que su objetivo es Paris, adonde llega a finales de ese mismo año y permanecerá otros tres. La estancia en la capital francesa, pese a la ayuda que le brinda su compatriota Meyerbeer, puede considerarse desastrosa: si bien consigue escribir sus óperas R¡enzi y Der fliegende Hóllander(EI holandés errante), y frecuenta la amistad de Heme, Liszt y Berlioz, se ve obligado a trabajar abrumadoramente en la trascripción de óperas y escribiendo escritos a destajos para la Gazette Musicale, y sus deudas aumentan vertiginosamente hasta conducirlo a la prisión de Clichy.


En 1842 consigue establecerse en Dresde, donde vivirá casi relativamente hasta finales de la década, si se descuentan sus permanentes reyertas con Minna. El triunfal estreno de Rienzi le vale obtener el cargo de director de orquesta de la corte, puesto que conserva pese a los sucesivos fracasos y hasta recha­zos que cosecha con los estrenos de El holandés errante y de Tannháuser (1845). Al año siguiente, su asistencia a la ejecución de la novena sintonía de Beethoven significará un hito en su concepción musi­cal: comienza a considerar posible, y no sólo teórica, su concepción de “arte total” y empieza a planificar los pasos que debe dar para culminar su objetivo.


El equilibrio y la relativa serenidad que había conseguido en Dresde se interrumpió bruscamente a causa de los sucesos revolucionarios de 1849. Amigo de M.A. Bakunin y de Roeckel, se compromete con los revolucionarios dirigiendo el periódico de éste último y escribiendo octavillas destinadas a soliviantar a los soldados sajones, por lo que es amenazado de arresto y debe huir apresuradamente con Minna. Deja tras de sí el éxito que le había proporcionado el reciente estreno de Lohengrin (1848) y con la ayuda de Liszt y de Wesendonck (un rico comerciante suizo que es su fiel y rendido admirador) se instala en Zurich, donde escribe y publica los fundamentos teóricos de su renovadora visión de la música y del arte en general: El arte y la revolución (1849), La obra de arte del porvenir (1850), dedicada a L. Feuerbach, y Opera y drama (1851).


Aconsejado por Liszt -que acaba de dirigir el exitoso estreno de Lohengrin en Weimar- comienza la composición de lo que será su celebérrima tetralogía Der Ring des Nibelungen(EI anillo de nibelungo), que no concluirá hasta un cuarto de siglo más tarde. Viaja a Paris, Londres, Venecia, La Spezia, Milán y Lucerna, e inicia su tormentoso idilio con Mathilde Wesendock, la esposa de su protector suizo, que durará de 1853 a 1859. El egocentrismo y el carácter fuertemente utilitario de Wagner en sus relaciones afectivas encuentra aquí uno de sus mejores ejemplos: no sólo traiciona a su benefactor, sino que el amor que dice sentir por Mathilde es en realidad una fabulación romántica que necesita para escribir el Tristán (“Tú estás destinada a la muerte para darme la vida”, le escribe), y cortará bruscamente con ella una vez consumada la obra, durante su estan­cia en Venecia (1858-1859), en el Palazzo Giustiniani, donde opta por buscar prudente refugio cuando el escándalo se hace público.
Hacia 1860 se separa finalmente de Minna y se dirige a París donde permanecerá todo el año- estimu­lado por el inminente estreno de Tannhauser en la capital francesa. El fracaso, acompañado de escánda­lo, de su ópera, no es sin embargo total, ya que cuenta con el entusiasmo de una minoría excepcional, inte­grada entre otros por Théophile Gautier y Charles Baúdelaire.


Siempre acosado por preocupaciones económi­cas, Wagner se ve forzado a aceptar diversas ofertas de trabajo temporal que le llevan a Viena y Rusia, mientras comienza a preparar la partitura y libreto (esa es otra de sus características: dramaturgo y poeta, además de músico; es autosuficiente) de Die Meistersinger von Núrnberg (Los Maestros cantores de Nuremberg), y a fines de 1862 se instala temporalmente en Biebrich, un pueblo junto al Rin, donde padece la única crisis de depresión que pueda señalarse en su biografía: está a punto de cumplir 50 años, los fracasos y la incomprensión corroboran la alta estima en la que tiene su obra, su economía es un desastre y durante esos meses llega a pensar incluso en suicidarse.


De tan amarga situación lo saca el comienzo de sus relaciones sentimentales con Cosima Liszt (1837-1930), a la sazón esposa de su admirador, amigo e intérprete Hans von Búlow. Hija favorita de Franz Liszt, que tanto había apoyado a Wagner y colaborado en su difusión, el gran músico húngaro se opondrá vanamente a la relación amorosa de ella con un hombre que la doblaba en edad, pero tendrá que ceder años más tarde, cuando Cosima se divorcie de Von Búlow y se case finalmente con Wagner en 1870, después de haberle dado ya tres hijos: Isolda (1865-1921), Eva (1867-1943) y Sigfrido(1869-1930).


La ajetreada vida de Wagner cambia a partir de allí, y con la magnífica invitación de Luis II de Baviera, comienzan los veinte años felices de su vida, en los que conocerá la gloria, el reconocimiento y el bienestar económico que siempre le habla sido esquivo. Se instala espléndidamente en Munich y el rey pone también a su disposición el Kochkopf, su pabellón de caza en la montaña. Pero la presión y los celos de los artistas nacionalistas que rodeaban al rey (pese a que Wagner llega incluso a nacionalizarse bávaro) le obli­garán finalmente a retirarse, en 1866, e instalarse en Tribschen, cerca de Lucerna, con Cosima y la pequeña Isolda. Allí acaba Sigfrido, Die Góffeidámmerung (El crepúsculo de los dioses) y Los Maestros cantores de Nuremberg, y es también la época de su amistad con Nieztsche, que luego derivarla en agrias polémicas, cuando el músico incorporase a su credo estético los elementos parareligiosos y nacionalistas que acabarían de definirlo.


A partir de 1872 se instala en Bayreuth y pone la piedra fundacional del Festspielhaus, el teatro-templo destinado a servir en exclusiva a las representaciones de sus obras, a cuya construcción colaboraría Luis II con la por entonces enorme suma de 75.000 marcos. Dos años más tarde, con la asistencia de Luis II y del emperador Guillermo I, se realiza la solemne inaugura­ción del teatro de Bayreuth con él. estreno del ciclo íntegro de Der Ring des Níbelungen. En los-años posteriores, concretamente de 1877 a 1882, Wagner trabaja en esa síntesis de sus convicciones dramáticas y musicales que es el Parsifal, que concluye en el palacio Vendramin Calergi de Venecia, adonde se ha trasladado a vivir con su mujer y sus tres hijos.
Wagner morirá de una insuficiencia cardiaca en ese suntuoso palazzo sobre el Gran Canal el 13 de febrero de 1883, meses después de haber concluido la partitura de Parsifal dejando la totalidad de su obra concluida, revisada y en orden. Sus funerales se realizaron cinco días más tarde en Bayreuth antes de enterrarlo en el jardín de la ville Wahnfried, convirtién­dose su tumba a partir de entonces en meca de peregrinación de sus devotos. Unos meses antes de su muerte Renoir le hizo el célebre retrato que sé conser­va en el Louvre, y veinte años más tarde Cosima dio a la imprenta su extensa Autobiografía, re-escrita y ade­rezada por ella misma.