César Vallejo, un poeta enorme

César Vallejo

 

César Vallejo...un poeta enorme y un hombre íntegro

Por Andrea Abad (Escritora argentina)

 

EN CESAR VALLEJO, peruano (1893-1938) hubo por lo menos dos hombres: el artista genial, creador de la profundidad y el ciudadano lleno de mundo, solidario y luchador, enfrentado al destino de un modo trágico.
Su inquietud introspectiva y personal le inspiró los mejores poemas de su imponente obra lírica. Su inquietud política y sobre todo la novela El Tungsteno y el cuento Paco Yunque.
Vallejo, exiliado de su tierra natal y más tarde expulsado de Francia por el gobierno derechista de André Tardieu, se refugió en Madrid. Declinaba el año 1930.


Allí escribe la novela proletaria "El Tungsteno y el cuento "Paco Yunque". La novela será editada por Cenit; el cuento no. El editor lo rechaza por demasiado triste-. Ya alejado de la patria, Vallejo enviaba la obra a Perú y en 1927 la revista “Amanta” de Lima, publica un relato de Vallejo titulado Sabiduría, - que con - ligeras modificaciones fue incluido en El Tungsteno. Juzgadas con los preceptos de la retórica vanguardista de la época, El Tungsteno y Paco Yunque vendrían a ser obras fallidas, mediocres y ancladas en la estética del realismo decimonónico.

Para sus críticos, abundan en esquematismo, en diálogos discursivos, en errores de construcción. En cambio desde la óptica del Vallejo de 1931, ambas narraciones son ejemplares. Con el tiempo resultaron paradigmáticas en el sentido de que constituyen el prototipo de novelas y cuentos que, años después, proliferaron en la frondosa literatura hispanoamericana.

Vallejo, muy reticente al hablar de su propia obra jamás se preocupó de clasificarla. Fue la editorial quien la subtituló “novela proletaria”. En la novela muestra con crudeza la miseria económica que sufrían sus compatriotas y por ende les afectaba la condición moral.

El lenguaje es realista y directo: denuncia los atropellos, las injusticias, el abuso y la impunidad con que actuaban -y por desgracia aún lo hacen- la gente del poder en detrimento de las libertades del pueblo y sometiéndolo a un trato inhumano.

Vallejo sin proponérselo, pareciera que proyectó en la figura patética de Leonidas Benites -un personaje de la novela- -la-sombra de su propia tragedia; porque él es fundamentalmente un ser trágico. Se rebela contra una sociedad injusta (el Perú de los patrones, jueces, leyes, críticos literarios, directores de colegios) pero fracasa y se siente víctima y verdugo al mismo tiempo. Por eso su dolor será el dolor de todos los hombres y su redención es liberación condicionada a la liberación de todos los seres.

Sufrió todo tipo de incomprensiones. Ciro Alegría, alumno de Vallejo allá por el año 1915, cuenta cómo en un colegio de Trujillo asaltado el maestro por un grupo de forajidos que trataron de cortarle la melena y como los vecinos se referían a Vallejo "ese que se dice poeta", sosteniendo que le faltaba un tornillo.

En 1920, desde el poder lo habían acusado de incendiario, ladrón y homicida. Por ello -sin pruebas concluyentes- fue encarcelado. Durante ciento doce dias sufrió prisión en la cárcel de Trujillo compartiendo celdas con prisioneros comunes. Todos sus amigos lo visitaron y proveyeron de libros y el poeta a pesar de la angustia, no dejó de leer y escribir. Escribió alli varios de los poemas que compondrían Trilce. La huella de los cuatro meses de encierro y el terror que le siguió quedó grabada en sus cuentos y poemas.

LOS CUENTOS
En algunos cuentos de Vallejo pergeñados (en los años 1920-1921) estando preso, reflejan la humillación y angustia que sentía a causa de la injusticia cometida contra él, sabiéndose inocente. Son historias amargas y realistas.
En otros el contexto es diferente y se nota su lucha por superponer planos de realidad e irrealidad. En ellos se insinúa ya el realismo mágico y la literatura fantástica que caracterizarán a una parte importante de la narrativa hispano americana posterior.

LOS POEMAS
Según los entendidos, es en su obra poética donde Cesar Vallejo muestra ampliamente su talento de gran creador y en ella aflora todo su dolor. No un dolor que arrebate la lucidez, sino el que sirve para que el poema sea más esclarecedor, lo golpee al que lo lee y lo haga más sabio.

“Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no se”. Así empieza el primer verso del poema –“Los Heraldos Negros” del libro del mismo nombre que se editó en el año en que murió su madre en 1918. Fue su primer libro de poesía.

Pronto, con el correr del tiempo, Vallejo no existiría más allá de los limites del dolor.
Fue en 1923, cuando se vio obligado por las circunstancias a elegir el exilio, en un viaje que le sería definitivo. Los caminos, las aldeas de Francia, luego la Unión Soviética, España lo verían pasar, magro, cetrino, con su melena negra, con su cara de líneas duras, angulosas. Callado, pensativo casi ausente, aparentemente tranquilo, este Vallejo ocultaba en el fondo de su corazón las penas y las zozobras de un destierro misérrimo.

Su obra compuesta de una novela “El Tugsteno”, un libro de cuentos y varios libros de poemas, entre ellos “Los Heraldos Negros y Trilce”.
Opina Carlos Meneses de la producción de Vallejo: Comparada la totalidad de la obra narrativa con el conjunto poético vallejiano es incuestionable la mayor importancia de esta ultima, pero la figura de Cesar Vallejo ha alcanzado merecida y afortunadamente tal altura, que es menester conocerlo y analizarlo a través de la suma de su producción literaria. Sin olvidar, además, que la prosa, completa la imagen humana que ofrece su poesía.
En este Sitio cultural va un intento de recordar a Vallejo a más de sesenta años de su muerte e invitar al lector a buscar y leer su obra.

Sobre la poesía citaremos algo de lo que dice Alfredo Juan Álvarez;
"Nos enseñaron a memorizar versos; a oír sin escuchar; a recitar sin comprender. La poesía no debe ser leída en vano, la debemos sentir aclara en otros párrafos"; "La poesía nos quita ingenuidad". Se supone que nos enseña y nos hace más sabios. Y volviendo a Vallejos, Álvarez agrega: Podemos encontrar adornos estilísticos en otros poetas, formas espléndidamente sonoras en Darío (a quien Vallejo admiraba) perfectas metáforas en Silva o Huidobro, pero nada de esto distingue de otros; un nuevo sentido de orar a si mismo, asumiéndose como compendio de su propia obra allí prevalece la culpa que lo acompañaba a Vallejo como una unidad con la culpa, que la culpa ante lo divino resultaba una culpa ante si mismo, ante lo humano.

Para terminar, del pensamiento del escritor-poeta Vallejo, habría que rescatar lo que le hace decir al herrero (un personaje de su novela) "Habría que protestar siempre y con energía contra la injusticia donde quiera que esta se manifieste."

Si a un hombre que había accedido a los medios culturales, como era su caso, pudo ocurrirle un hecho de injusticia de tales proporciones, que no podría sucederle a quienes se hallaban en niveles culturales sumamente inferiores, como es el caso de los indios peruanos.

LOS HERALDOS NEGROS (César Vallejo)
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de dios; como s¡ ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre.. pobre! vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza; como charco de culpa; en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé !