Ultimos Comentarios

Luis Cerda Herrera

Luis Cerda Herrera

10. Abril, 2015 |

Comparto tus versos, la liberta es como el aire que respiramos

Saludos

sergio silva

sergio silva

22. Febrero, 2015 |

Juan cuevas Quevedo, es este tu correo? si es así espero tu respuesta. Fraternalmente, Sergio silva.

Arsenio Aguilera

Arsenio Aguilera

22. Enero, 2015 |

Hermosa poesía que refleja lo vivido abordo de la embajadora de los mares. Felicitaciones por ese maravilloso talento. Un ex-marino y...

Eugenio

06. Agosto, 2014 |

muy buenos tus poemas, te felicito compadre, aun tengo recuerdos de cuando nos reiamos juntos a otros funcionarios del S.A.G y la...

manuela rodriguez

manuela rodriguez

06. Enero, 2014 |

Señor marcelino, hermosos sus poemas ,muchas gracias por ayudarnos a encontrar un hotel y personas como ud necesita este mundo Dios lo...

La paja en el ojo

20 Septiembre 2014

 

La paja en el ojo

         Fui a la consulta, porque algo grande como una viga se me había metido en el ojo izquierdo y me estaba molestando.

-Tiene una imagen fija en la córnea - diagnosticó el oftalmólogo.

-¿Podrá ser un rastrojo pajolero? – pregunté – Como soy del

campo…

-No, es una imagen fija – aseveró el oculista – Usted puso el ojo en

algo que le llamó la atención y ¡ zás ! se le colgó del borde regañado. Cuando parpadeó, saltó hacia la retina, donde quedó atrapada. Esto le impidió salir del ojo. La imagen, humillada porque no entró por derecha, está en alerta rojo, desconfiando de esa pupila excitada y sensible al humor empañado.- infirió el doctor.

         Lo miré por el rabillo y tomando distancia me alcanzó un espejo. Sí, vi que el ojo estaba enrojecido por esa profanación entronizada y gozando de una dispensa esclerótica. La imagen extraña instalada y encarnada me ponía para la hostia. No era de mi devoción.

         -¿Me pondré lágrimas?- interrogué.

         -No, porque si se pone triste se irá para adentro y no sabemos que órgano afectará.-

         -¿Tal vez rezando? Por eso de que es una imagen- inquirí timidamente al doctor Nó.

         -No, si hubiera estado en el ojo derecho, capaz que sí,- me contestó- pero como está del otro lado, será contraproducente. Hay que bisturear de inmediato.

         Me puse en guardia y olfateando un castrador avasallamiento ideológico, me negué a su estrategia operativa y me fui.

         -¡Que se opere él!- mascullé.

         Esta niña del ojo se pasaba de lista. Pupila o no pupila, afectaba mi óptica optimista de visiones beatíficas. Ignoro que órgano ejecutaría. Si mueve la corredera del registro y destapa la caja de los secretos – pensé – me expondría a grandes riesgos.

         Así que decidí ir a ver a una curandera por si lo mío era un mal de ojo.

         -Sí,- dijo la vidente, espiando a fondo- esto es una ojeadura pesada de imagen negativa. Alguien que no te quiere te endosó un San Cocho que tendrás que digerir. Impresionable a la luz, la imagen se hizo el cliché y se fijó. Lo primero que harás será una ablución purificadora de la conjuntiva que separe la mucosa para evitar que las visiones equívocas o extravagantes se desplacen vagarosamente de un lugar a otro.- continuó la curadora- Concentrada la imagen podremos concertar y de ésta manera convenir razonablemente un consenso y una salida sin necesidad de piquetes agresivos con derramamientos de sangre.

         Me pareció muy fuerte lo que dijo, pero igual tomé el menjunje en frasco con gotero que me ofreció, prescribiendo instilar gota a gota en la carúncula hasta provocar una catarsis lavativa. Añadió que esa catarata expiatoria haría catapultar a la imagen de punta, hacia la cresta de la ola en menos que canta un gallo. Imaginándome con un ojo de gallo en el cristalino, miré de reojo a ésta émula de Torquemada y viendo que estaba allí de ojito, me encaminé a ver a un iconoclasta jubilado que me dijo:- Ya no recuerdo como destruir las imágenes. Por los siglos de los siglos, olvidado y condenado por mi herejía a vivir desastrado, perdí los impulsos, entre ellos los de provocar escombro.

         Constaté que él mismo era una ruina. Su karma se había cumplido y ahora con el pulso quebrado, se dedicaba al arte ocioso de esperar sentado que se le abrieran las puertas del Olimpo.

         -Solamente un adorador de imágenes podrá liberarte.- Sentenció, y me recomendó un iconólatra.

         Cuando llegué a la casa de éste y le expliqué el caso, me miró fijo con adoración, inquietando tanto a la niña del ojo, que ésta comenzó a movilizarse hacia uno y otro lado con el humor exaltado haciéndome llorar de emoción. Fue entonces cuando la paja, mojada, se infló y se mandó mudar.

 

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